Gira, gira, se desmadeja el engranaje,
desmoronadas las articulaciones.
Tres veces canta el gallo.
Basta el polvo acumulado en los rincones.
Agazapado se desplaza, humo entre las sombras.
Amanece cada día más temprano;
y se deshilvana y se desagota; una chispa imperceptible
para mis ojos acostumbrados.
En la nave del crucero de la inmensidad del campo
se pierden las letanías. Gorriones varados,
en la tapia sorda del aire; en la condena
por cumplir. Como todos los juramentos.
Busca un ciego en los cajones. Palpa inasible
el horizonte postrero, la lumbre, el conocimiento.
Descubre ya demasiado tarde,
que le restan más memorias que momentos.