Martillo neumático, ¡es la hora!
¡Me bajo!, es la hora cualquiera,
del polvo que se posa;
y del juicio, de otro juicio a un inocente.
El pájaro se ahoga.
Gasto el tiempo presente,
arenas del tiempo desbandadas,
en catarsis de abucheos al espejo,
opiniones que nadie demanda.
¡Lleve mis huesos señora! ¡de regalo van las entrañas!
¡Qué improbable sentir el suelo,
o escuchar con atención al que habla!;
cruzar la tapia de conjeturas,
de prejuicios telas de araña.
¿Qué camino no se bifurca?
¡Qué desvelo y qué inhumano
el desfile de tormentos que te atas!
Pero la grieta que se abre ahora, el claro;
atesora ese milagro:
Inhala, exhala.
15 # No te olvides
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